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“Late por vos”: una misión que dejó huellas en el corazón de nuestros alumnos

En el Colegio Fasta Monseñor Aneiros, ubicado en el barrio de Flores, entendemos que la educación también sucede fuera del aula…

Durante tres días, los alumnos de 5.º año vivieron una experiencia que difícilmente pueda resumirse en palabras. Una misión que los invitó a salir de sí mismos para encontrarse con Dios en el rostro de los demás.

En el barrio Manantiales, de Moreno Sur, compartieron la vida con la comunidad de la Capilla Nuestra Señora de Lourdes, colaborando en distintas tareas de servicio: cocinaron la olla para el barrio, recorrieron las casas invitando a las familias a la misa y a la Hora de Juegos, jugaron y merendaron con los niños, y compartieron momentos de oración y encuentro con la comunidad.

Uno de los espacios más significativos fue la visita al Hogar de Cristo, donde pudieron escuchar testimonios de vida, compartir una merienda y conocer de cerca el inmenso trabajo que realiza la Iglesia acompañando procesos de recuperación y esperanza frente al dolor de las adicciones.

Con el lema “Late por vos”, la misión buscó que cada alumno descubriera una verdad profunda: aprender a hacer que su corazón lata por cada persona que Dios pone en el camino, reconociendo que, antes que nada, es el Corazón de Jesús el que late por cada uno de nosotros.

La experiencia dejó huellas profundas en quienes participaron. Para Jazmín, alumna de 5to año, uno de los momentos más significativos fue la actividad de pedir perdón y agradecer. “Es un espacio que invita a expresar aquello que muchas veces dejamos pendiente. Pedir disculpas o agradecer por cosas que quizás damos por sentadas ayuda a fortalecer, cuidar e incluso recuperar los vínculos”, compartió.

Por su parte, el alumno Felipe destacó las recorridas por el barrio como una de las experiencias que más lo marcaron. “Poder escuchar las historias de las familias y comprender realidades distintas a las nuestras fue muy enriquecedor. Me ayudó a ponerme en el lugar del otro, mirar con más empatía y entender la importancia de acercarnos al prójimo”, expresó.

Los alumnos regresaron con el alma llena: con nombres, rostros, abrazos, historias y aprendizajes que ya forman parte de su vida. Convencidos de que en la misión nadie vuelve igual, porque cuando uno se anima a servir, también se deja transformar.

Agradecemos a la comunidad del barrio Manantiales por abrirnos las puertas de su casa y de su corazón; a las familias que acompañaron este proyecto, a quienes colaboraron con donaciones y a todo el equipo que hizo posible esta experiencia.

Este 5.º año nos regaló algo difícil de explicar: jóvenes que eligieron ser misioneros de misericordia.

Juntos somos Aneiros, somos comunidad.

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