El paso por el colegio deja huellas que no se borran con el tiempo. Para Gabriela Colombo, egresada nuestra, esas huellas la llevaron hasta Valencia, España, donde vivió una experiencia de voluntariado que marcó su vida personal y profesional.
Convocada por la Dirección de Jóvenes y en el marco de la Red Educativa Fasta, Gabriela partió en diciembre y regresó en marzo, habiendo formado parte durante esos meses de la comunidad de Fasta Valencia. Su misión se desarrolló en dos espacios: el Colegio Fasta Madre Sacramento y el Ruca Mater Dei.
Poner la profesión al servicio
Como técnica en Diseño Gráfico, Gabriela se incorporó al equipo de marketing del colegio, donde trabajó en la creación de contenidos para las redes y diseño de cartelería. Mientras que por la tarde compartió el día a día con los alumnos, acompañándolos en distintos espacios de la vida escolar como el almuerzo y los recreos.
En el Ruca Mater Dei, se integró al equipo que dirige las actividades para los jóvenes de entre 16 y 21 años, participando en la planificación, en los encuentros comunitarios y recreativos. Era, según sus propias palabras, el momento que más esperaba cada semana.
“Este era el día que más disfrutaba. Empezábamos temprano preparando todo para recibir a los chicos, compartíamos las actividades de la tarde, celebrábamos misa con la comunidad y terminábamos siempre con una cena y juegos”, contó Gabriela.

Una comunidad que recibe como en casa
Desde el primer momento, Gabriela se sintió parte. La comunidad de Fasta Valencia la recibió con calidez, la invitó a compartir la Navidad, las cenas familiares, la catequesis y los retiros. Esa pertenencia inmediata fue, para ella, una de las revelaciones más profundas de la experiencia.
“Me impresionó darme cuenta de cómo Fasta trasciende las fronteras: poder vivir lo mismo que viví acá, pero en otro lugar, con otra cultura, y aun así sentirme en casa desde el primer momento”, reflexionó.
Antes de regresar a Argentina, pudo participar de un retiro con jóvenes que la conmovió especialmente. “Escuchar sus testimonios y ver el obrar de Dios en sus vidas fue algo realmente muy lindo y movilizante”, destacó.

Una formación que sigue dando frutos
El testimonio de Gabriela recuerda que lo que se construye en el colegio no termina al egresar. La formación integral —académica, humana y espiritual— sigue creciendo y encontrando nuevas formas de expresarse.
“Es una experiencia que te invita a salir al encuentro con el otro, a abrir el corazón, a conocer historias y a dar a conocer la propia. Es compartir la vida cotidiana con nuevas personas y reencontrarte con vos mismo y con tu vocación”, concluyó Gabriela.
Su historia es un ejemplo concreto de lo que significa pertenecer a una comunidad que va más allá de las aulas y los exámenes.
Somos Aneiros, somos comunidad.

